·
Teníamos otros planes para ese día, pero tu casa quedaba lejos y tu mamá se había llevado tu auto. Nos pasamos las tres horas que habíamos apartado para nuestra cita (si es que eso se le podía llamar una "cita" per se) hablando de los últimos encuentros del 3er tipo que habíamos tenido recientemente. Cada uno por separado, obviamente.
·
Para el final de nuestra tertulia etílica nos dispusimos a seguir camino hacia mi casa, unas cuantas cuadras de caminata. No sé si fue el alcohol en mis venas o la adrenalina la que no me dejaba respirar tranquilamente a tu lado, pero en algún momento dejé de prestarle atención a lo que decíamos, mi boca se puso en modo automático y mi mente de ocupó en situarnos en en lugar en el que debimos haber estado toda la tarde.
Veía tus labios moverse sin despedir sonido alguno, mientras yo soñaba despierta que esos mismos labios gritaban mi nombre
·
-¿Cara o cruz? -dijiste de repente.
-¿Qué? -te dije intentando despertar, notando recién la moneda en tu mano derecha sin levantar la mirada.
-¿Cara o cruz? -me insististe.
-Cara -respondí dubitante tratando de poner en orden mis ideas.
·
El siguiente segundo parecieron minutos. Vi la moneda de un peso volar y volver lentamente a su posición original en tu mano.
Cara.
Me sentí tocando tus labios con los míos y mis brazos automáticamente enredándose en tu cuello. Mi conciencia llorando a cántaros. Una utopía volvía a nacer dentro de nuestras bocas, ahí en plena calle 24 de Septiembre.
·
No supe cuánto tiempo estuvimos inmersos en ese frenesí. Entre no querer cambiar mi cabeza de posición por el miedo a que si mi despegaba por un segundo quieras cortar la conexión, y el agudo dolor que me punzaba el cuello por la cantidad de sangre que irrigaba mi corazón por la taquicardia que ahogaba mis adentros, la adrenalina hacía que tiemble entera casi imperceptiblemente. Me arriesgué y cambié mi cabeza de lado y, para mi sorpresa, tus pies no se movieron ni un centímetro.
·
Lo primero que noté al empezar a caminar fue un tambaleo insistente.
-¿Por qué? -te dije sin poder dejar de sentir tus labios en los mios.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué? ¿Por qué? -no podía dejar de repetir.
-¿Por qué te besé? -dijiste alejándote un poco de mí para esquivar los horcones en la acera. Al buscarte con la mirada, encontré en tus labios aquella sonrisa que me derrite tanto.
-¡Sí! ¡¿Por qué?!
-Es que... -empezaste como con miedo a terminar la oración- no sé, supongo que quería ver si me atrevía a hacerlo.
No supe qué decirte, si gritar lo imbécil que eras, o alegrarme porque al final sí te atreviste.
·
Seguimos caminando unos cuantos metros más hasta que llegamos a la esquina de esa cuadra y me atreví a hablar.
-¿Y si no hubiera salido cara...? -dije con un tono 70% aterrorizado.
-No, no te hubiera besado -dijiste bajando la mirada.
-O sea que todo fue porque la moneda quiso -dije entre risas.
-Sí... más o menos.
-¿Vemos si la moneda cambió de opinión? -te dije extendiéndote la mano para que deposites el peso sobre ella.
Volviste a sacar la moneda de tu bolsillo y la pusiste en mi mano.
-¿Cara o cruz? -me tocó preguntarte.
-Cara.
Hice los ademanes necesarios para hacer volar la moneda en el aire mientras sentía el corazón acelerarse en mi garganta. Al caer en mi palma mi respiración se detuvo por un segundo al no dar crédito a mis ojos: Cara.
Nunca supe si fue porque "la moneda dijo" o porque el juego ya estaba empezado, pero sentí un dejo de resignaciónen el movimiento que hiciste al acercarte a mí esa segunda vez. Y ¿sabes? No fue tan mágico.
Ahora fui yo la que forzó el fin de ese momento.
El resto del par de cuadras que quedaban de caminata las hicimos en silencio. Un silencio incómodo, con muchas cosas en el aire. Tantas palabras con miedo de salir, dos manos buscando dueño. El viento llenando el tremendo espacio vacío entre nosotros.
·
A media cuadra de mi casa, justo antes de torcer la esquina, me detuve en seco y en un último intento por hacerte sentir lo que llevaba dentro, tuve un arrebato y me dejé llevar.
Uno de los besos más apasionados que jamás habían salido de mis labios.
-¿Asique ahora soy la otra? -te dije en el tono más burlesco que pude encontrar.
-Eso parece -me respondiste sonriendo, seguido de otro beso que me hizo tocar las nubes.
·
Te despedí en la puerta de mi casa con un beso en la mejilla, intentando un poco de decoso. Al cruzar el umbral, mi mundo se acabó de desmoronar sobre mí. Otra vez.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario