Sí señores, se acabó el Mundial. Mañana será el Lunes más Lunes de todo el año.
Nunca me gustó jugarlo y desde pequeña que suelo huirle a la pelota para no dañar la carita que todos piropeaban, pero de alguna manera el fútbol llegó a hundirse en mí. Mientras las féminas de mi casa se iban de compras y de paseos al sol, yo me tragaba mi personalidad fresa y me quedaba en casa gritando al televisor y rajándome la garganta con la Copa Libertadores, la Champions League, La Copa Confederaciones... etc etc.
Todavía me cuentan de cómo me ponía a gritar "fútbol español! fútbol español!" apuntando a la pantalla cuando todavía no pasaba los 5 años al ver partidos en la tele. Por alguna razón, tengo a la liga española como un recuerdo permanente durante mis primeros 6 años. A un Chilavert más delgado, todavía a escasos metros de mí, gritando y puteando a los cinco vientos durante las eliminatorias del Mundial de 1994. Y a Azkargorta como héroe nacional. Un domingo cualquiera para una niña de 4 años de padres jóvenes. Sinceramente, no me quejo.
Los años fueron pasando, mis prioridades fueron cambiando. De repente me veía de compras con mis tías en lugar de quedarme viendo el partido con los señores de la casa. Lo empecé a extrañar. Los gritos, la adrenalina, el sufrimiento ajeno. El gustito de darte el lujo de dejarte llevar por las emociones y no envidiar (para nada) a los jugadores que se rajan las nalgas para meter un puto gol que desde tu asiento lo viste tan fácil.
Este año volví a verme en ese escenario. Estar en la orilla del asiento, pararte para relajar los humos, caminar, tomar algo, volver y sentarte en el brazo del sofá con los ojos bien abiertos, casi sin respirar y por qué no, con una mano en la boca. La taquicardia que te llena cada que tu equipo está en campo enemigo, cada que tu goleador tiene la pelota bajo los pies y se enfrenta pecho a pecho con el arquero. Patea y gritas. Vaciando tus pulmones con el corazón en la mano.
Ahora las vuvuzelas ocuparon el lugar de las barras, porras y bombos. Un pitido que acompañará a muchos por el resto del año. Molestoso, abrumador, causante de muchos de mis dolores de cabeza este últimos treinta días. Así las recordaré. El zumbido que me acompañó en mi cumpleaños, el sonidito detrás de la oreja como un mosquito cuando empezaba a despertar en las mañanas de partido durante un mes entero. El Julio de las vuvuzelas. Las trompetas que anunciaron la caída de un dios, la caída de os mais grandes do futebol, el desarme de la naranja mecánica... la subida de los monarcas.
"¿Te imaginas que Brasil gane?" - "Una final Brasil-Argentina..¡hecatombe!" - "¿Elminaron a Argentina? ¡¿4-0?!" - "¡Que me den una final Brasil-España!!" - "¡¡Grande Pulpo!!"
Frases que quedarán en mí como titulares del Mundial 2010. El primero en el que estuve consciente de lo que veía y de lo que vivía. A mis 20 años, el primero que recordaré partido a partido, gol a gol, latido a latido.
España, gracias por seguir dándome los mejores momentos.


Hoy no hay canción... a no ser que quieran que ponga la del Waka Waka :/