Cerrás los ojos aspirando lentamente el aire helado y lo sentís bajando por tus branquias, refrescando tus adentros. Los abrigos se empiezan a desempolvar, los pantalones, las bufandas. Los colores se oscurecen un tono pero todo sigue vivo. Los árboles se toman una siesta, un descanso de belleza. Todo se calla. El silencio retumba en el suelo chocando con tu mentón, estremeciéndote.
Cerrás los ojos y todo se detiene. El silencio ya no molesta, te callas y sigue todo bien. Encuentras un punto ciego en cada bolsillo en el que ya no esperas encontrar tesoros escondidos, sino ese cálido callejón sin salida que te devuelve la vida por un segundo más.
Cerrás los ojos y sentís lo indescriptible en la piel.

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