enero 06, 2010

Te volví a soñar

Qué gracioso haberme soñado contigo justo anoche. Supongo que me quedé dormida pensando en tí. No sé. Creo que cuando algo que pasa tan seguido ya no me doy cuenta de cuándo realmente cuenta.

Ahí estabas en mi sueño, en el pasillo de embotallados de algún supermecado, esperándola a ella. Estabas con barba. Más tupida de lo normal en un lado, el otro con un hueco de calvicie facial.Traías puesto el sobretodo negro que tanto me gusta, esa bufanda a rayas... y flaco, más flaco de lo normal. Ahora ya se te marcaba la mandíbula. Traías pinta de mendigo... no lo voy a negar. Me paré a saludarte a pesar de los insistentes jalones que la amiga con la que iba me daba intentando evitar el encuentro. No pude evitar borrarla de mi mente desde ese momento.

-¡Hola! -Dije sin poder contener la emoción de verte después de tanto tiempo.
-Hola. -Me respondiste a regañadientes.
-¿Qué haces solo por aca?
-¿Qué? No, nada, nada... -Bacilaste por un segundo.
-¿Esperas a alguien? -Pregunté con un nudo en el estómago. Yo sabía a quien esperabas.
-¿Qué? No. ¿Por qué? -Dijiste inquieto mirando decesperadamente por encima de mi hombro, volteando rápidamente la mirada cuando tus ojos encontraron los míos.
-Estás... raro. -Atiné a decir.- Oye, ¿qué te pasó? -Le pregunté frunsiendo el entrecejo y tomándole del mentón para voltearle la cara para poder ver más detenidamente lo que parecía ser un círculo mal rasurado en tu majilla.
-¡Deja, mujer! -Dijiste al tiempo de quitar mi mano bruscamente.
-Así le gusta, ¿no? -No dijiste nada. Tu expresión como si no hubiera dicho palabra.- Qué gustitos que se gasta la niña esa. -Dije en tono desafiante intentando conseguir un poco de atención, pero nada.
Seguiste buscando a alguien en el aire. Nunca te habia visto así, tan intranquilo, tan nervioso. Siempre fuiste de esas personas tranquilas, tan serenas... incluso más que yo. Me calmabas en momentos de sosiegos irracionales. Por eso, gracias. Mucho aguante el del muchacho.

-¿Qué te pasa, nene?
-No me llames así. -Me dijiste tan brusamente que en ese mismo instante sentí mi corazón partirse en dos, mientras yo asentaba ambas manos sobre tus hundidas mejillas, intentando enfrentar tu mirada tan esquiva.
-Anda, dime qué te pasa. -Te rogué con ojos piadosos, gritándote que tengas confianza en mí.
-¡Qué no! Ya, déjame en paz. -Dijiste en un degradé de tonos desde la primera palabra bajando la voz mientas hablabas, al mismo tiempo que te librabas de mis dedos.
-Por favor. -Te volví a pedir casi en un susurro con el corazón en la mano, esta vez consiguiendo mi objetivo: atrapar tu mirada con la mía.
-No... en serio. No es que no pueda, es que no quiero. -Dijiste por fin, aparentemente calmado.
Te sentí respirar fuertemente y apretando mis muñecas me alejaste con un movimiento brusco.

Al terminar de decir esas palabras, solo pude volver a subir mis manos a tu rostro en una velocidad media, mirarte fijamente a los ojos y acercarme para volver a porbar tus labios. Fue solo un momento, pero por un instante tuve la certeza que en tu mente sólo estaba yo, y tu lengua gritaba mi nombre.

-¿Qué pasa? -Te dije casi asustada.
-Nada, nada... ya deberías irte. -Dijiste mirando mi reloj de muñeca, que por alguna razón, aúnque me hubieras pedido que me marche, seguías apretando con fuerza.
-No me voy hasta que me digas. ¿Qué pasa? ¿No te gustó? -Pregunté como último recuso. La desesperación empezaba a hacerme su presa.
-No es eso... cómo quisiera que me entendas. -Dijiste ya casi desalmado, intentando mantenerme la mirada, pero no, te ganó la vergüenza. Mientras yo también bajaba la cabeza junto a la tuya.

De repente te siento subir la mirada, ansioso. Yo no quiero. No quiero ver lo que sigue.
Mis instintos animales me dijeron que una bolsa de feromonas andantes se acercaba peligrosamente. Sentí tus dedos alfojarse lenamente de mis manos y tus pensamientos lejos de mí aúnque tus pies no se hubieran movido un centímetro.

Y yo, que ya sabía lo que me esperaba... te ibas a ir de todas maneras, y yo igual. Creo que por fin nos dijimos lo que tanto me temía. Pero en fin, fue un segundo espectacular el que te tuve tan cerca.

Y hace 3 años, también fue espectacular. Feliz aniversario, nene.

3 comentarios:

  1. huy q intensidad, parece q por alli todavia sigue habiendo algo ;)

    ResponderBorrar
  2. La sombra persistente que no te deja vivir, està en todas partes, no te deja vivir, se presenta en tus recuerdos, pensamientos, sueños... Dejalo ir, te merecés mucho más que la amargura que te envuelve, dejate ser!

    ResponderBorrar