¿Viste como a veces las cosas se te empiezan a escapar de las manos? ¿Cuando no podés controlar lo que está pasando a tu alrededor? ¿Cómo aunque intentés retomar las riendas... ya no hay marcha atrás? Y lo peor, lo peor de todo es que no hay absolutamente nada que podás hacer.
Cómo jode ese sentimiento de impotencia. Que llorás solo para dejar salir esa rabia de adentro. Esa rabia tóxica que te hace sentir como un balazo directo al corazón y desear haber muerto en ese instante en lugar de seguir sufriendo así.
Meses de alegrías y sonrisas se van esfumando en el aire. Quién sabe por cuanto tiempo. Días, semanas, otros meses más... no sé. No quiero ver al espejo y volver a ver aquellos ojos rojos e hinchados. Me harté de ese sentimiento tan aburrido, tan monótono de saber que igual que hoy, mañana también voy a seguir con este hoyo en el pecho.
Ya no quiero.
He probado la felicidad y me rehúso a dejarla ir así de simple. Siempre dicen que las felicidades son momentáneas, pero quién dice que es una regla obligatoria?
Me han roto el corazón tantas veces que ya ni sé diferenciar entre un amor perdido y uno rescatable. Quiero pensar que todos lo son, que todos tienen una segunda oportunidad. Pero ya no me caben más parches ni medicinas.
Sé lo que quiero, y ya he perdido demasiado tiempo esperando a que las cosas me caigan del cielo. Lo que siento es tan intenso. Es tan fuerte ¿Duele? Un poco sí. Llámenme masoquista, pero sé que todo esto vale la pena.
Sólo me queda esperar.
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